lunes, 16 de abril de 2012

Cuando te pasa a ti...

Con frecuencia nos quejamos por las cosas "malas" de nuestra vida, sin notar que ellas son las que más nos enseñan. Dios permite que nos ocurran cosas difíciles para saber cómo ayudar a otros en momentos que ya hemos experimentado. Porque, si nunca pierdes a un ser querido, ¿cómo podrás dar una palabra de aliento a un amigo que esté en esa situación? Si no enfrentas problemas económicos, ¿cómo serán susceptible a ayudar a quienes pasen por ello? Si no te toca vivir una inundación (donde todo se te moja y no tienes absolutamente nada seco que ponerte, ni tienes donde dormir...), ¿cómo te moverás a ayudar a alguien que enfrente una situación semejante o peor?
Realmente somos susceptibles a las cosas que vivimos. En la mayoría de los casos no sabemos cómo actuar, porque no hemos pasado por ello.
Estuve una semana de campamento (acampando con carpas, en un lugar sin muchas comodidades y con poca luz energética) y los últimos días llovió tanto que se me mojó la carpa, colchoneta, la ropa...en fin, todas mis pertenencias y como no salía el sol, nada se secaba. Al principio pensé en quejarme con Dios, porqué motivos Él lo permitiría?! Hasta que reflexioné, Dios quería que yo pasara por eso para aprender el valor de ayudar a otros. Para sensibilizarme al ver a otros sufrir y decidir ayudar. 
La vida que Dios propone es una vida en favor del otro (a diferencia de lo que estipula la sociedad actual), Dios desea que sintamos satisfacción al ayudar a otros, y la forma para prepararnos, es permitiendo que ocurran esas dificultades o problemas en nuestra vida. Hoy doy gracias porque entendí el mensaje y deseo que Dios me ayude a poner en práctica el estilo de vida que Él quiere para mi, una vida de entrega a otros. Ayudando a otros, también suplo mis necesidades y me siento útil.